23 de ene. de 2009

LA ENFERMEDAD EN LA ANTIGUEDAD

LA ENFERMEDAD EN LA ANTIGUEDAD


 

I. Interpretación mágica y teúrgica de la Enfermedad.


Domingo Pérez González  


 


Introducción.


La humanidad desde sus inicios y durante todo su desarrollo histórico y social, se ha enfrentado cotidianamente a los problemas de índole biológico, social y psicológico que acompañan a las enfermedades como fenómenos propios de la existencia humana. Debido a ello, desde su estado primitivo el hombre tuvo que encarar y dar respuesta a las enfermedades, creando un conjunto de sistemas de pensamiento y actuación, estrechamente vinculados con la finalidad de identificarlas, explicarlas, comprenderlas y diagnosticarlas. Ya identificadas las enfermedades, desarrolló acciones especificas con el objetivo de curarlas, aliviarlas, prevenirlas, y con ello contribuir a recuperar y mantener el estado de salud. A las formas, modelos o modos vinculados de pensamiento y actuación para enfrentar y luchar contra las enfermedades, es a lo que originalmente le llamamos medicina.[1]


            La medicina y sus diversas formas de expresarse ante la enfermedad, se han ido modificando a través del tiempo, algunas de estas han desaparecido y otras se continúan practicando, todas ellas desarrollaron modelos propios de pensamiento y actuación, sobre lo que la salud y enfermedad representan para la vida humana. El estudio del origen y desarrollo histórico de todos los modos o formas médicas de enfrentar la enfermedad, deben ser objeto de estudio indispensable para quienes estudiamos y ejercemos la medicina, ya que el conocimiento de sus características generales y particulares, nos permitirá entender el por qué y el cómo, muchas de ellas se practican todavía en la actualidad, en todos los ámbitos de la sociedad y en todas las regiones geográficas del planeta, al respecto López Piñero nos dice:


 


El gran número de sistemas médicos existentes obliga a tipificarlos de acuerdo con criterios adecuados. El más general es el carácter de sus fundamentos inmediatos: las creencias mágicas y religiosas, el empirismo o algún modo de conocimiento científico. Como las creencias y el empirismo se presenta siempre asociados, desde este punto de vista pueden distinguirse dos grandes grupos: los sistemas médicos empírico-creenciales y los racionales o científicos. Segundo criterio es la clase de sociedad y de cultura a la que cada sistema médico pertenece. De modo muy esquemático puede decirse que los empírico-creenciales aparecen en las sociedades preurbanas (paleomedicinas o medicinas prehistóricas y medicinas primitivas actuales), urbanas arcaicas (medicinas arcaicas egipcia, mesopotámicas, precolombinas, etc.) y que perviven en las urbanas clásicas y modernas. Los racionales basados en formas tradicionales de conocimiento científico proceden de las sociedades urbanas clásicas india, china y griega (medicinas clásicas propias de dichas culturas), desde las que se han extendido a amplias zonas geográficas. Por último, la medicina científica moderna es un sistema desarrollado en la sociedad urbana moderna de la Europa occidental, desde la que asimismo se han difundido a casi todo el mundo. Como consecuencia de estos procesos de pervivencia y difusión, el pluralismo médico o coexistencia de varios sistemas médicos es un fenómeno presente en la práctica totalidad de las sociedades actuales, desde la más desarrollada hasta las que continúan viviendo en condiciones "primitivas".


 


            En este mismo sentido, de la clasificación de los modos de enfrentar e interpretar la enfermedad, Pedro Laín Entralgo señaló:


           


Cuatro han sido, desde que el hombre existe sobre el planeta, los modos de ayudar "médicamente" al enfermo: 1. El espontáneo con que valga este ejemplo, la madre protege en su regazo al niño febricitante y dolorido. 2. El empírico; esto es, la apelación a una práctica sólo porque en casos semejantes ha sido favorable su empleo.  3. El mágico...   "genérica actitud mental, pertenecen dos notas básicas: a) la convicción de que los fenómenos naturales, sean favorables, como la buena lluvia, o nocivos, como la enfermedad, se hallan determinados por la acción de entidades fuerza (orenda, mana, "demonios" diversos), invisibles para el hombre y esencialmente superiores a él. b) La certidumbre de que la acción de esas entidades-fuerza pueden ser en alguna medida gobernadas por el hombre mediante ritos o ceremonias especiales, cuya eficacia depende de la pura formalidad del rito mismo…, del poder o la virtud especiales del hombre que lo practica….o del lugar en que se ejecuta." (Ibíd:4) 4. El técnico, en fin, que resulta de la conjunción de dos exigencias básicas, hacer algo sabiendo racionalmente –por tanto, no mítica o  mágicamente- qué se hace y por qué se hace lo que se hace, y referir este doble saber al conocimiento, también racional, de la "naturaleza" de la enfermedad y del remedio.


 


            En este capítulo, analizaremos los sistemas o modos médicos empírico creenciales, enfatizando en los denominados modos mágico y teúrgico (religioso), de ayudar médicamente a un enfermo. Revisaremos diferentes formas de interpretar la relación de la enfermedad con la magia y la religión, con la finalidad de obtener elementos para comprender y explicar, por qué continúan vigentes estos modelos de práctica médica, en todas las sociedades contemporáneas. Así, tenemos entonces que cualquiera que sea el sistema médico, el contenido del acto médico, como mera relación técnica entre médico y enfermo, puede esquematizarse en los siguientes elementos: anamnesis, exploración, diagnóstico y pronóstico, e indicación terapéutica.


En la prehistoria, época en la cual aún no existe la escritura, el resultado del acto médico quedó registrado en la memoria del médico primitivo, para posteriormente transmitirlo verbalmente a los aprendices de la medicina. Posteriormente -al inventarse la escritura-, fueron quedando registros del acto médico, de carácter general en un primer momento histórico, y como fue evolucionando la humanidad, se hizo específico y sistematizado, hasta llegar a la actualidad, en la que el documento que resulta del acto médico es -como ya sabemos-, la historia clínica o relato patográfico, que cuando se acompaña de otros documentos -ficha de ingreso, notas médicas, resultados de estudios de laboratorio y gabinete, notas de enfermería, etc.-, recibe el nombre de expediente clínico. En todos los sistemas pero con visiones diferentes, completada la exploración física con el correspondiente interrogatorio, el médico tiene que emitir dos juicios, el primero relativo a la índole de la enfermedad que sufre el paciente, es decir, el diagnóstico, y el segundo relativo a su probable evolución, el pronóstico. Desde la visión moderna de la medicina pero como producto del desarrollo histórico de la práctica médica, y estudiado por la historia de la medicina, el diagnóstico de la enfermedad comprende tres fases: la primera o diagnóstico específico, consiste en determinar la especie morbosa o entidad nosológica (tipo de enfermedad en una clasificación preestablecida) que padece el enfermo; la segunda o diagnóstico individual, consiste en dar razón de la forma peculiar en la que el paciente interpreta y sufre biológicamente (físicamente) la entidad nosológica; y la tercera o diagnóstico personal, procura dar razón de la forma particular en la que el paciente sufre espiritualmente (psíquicamente) la entidad nosológica como persona. En cuanto al pronóstico, no es sino un juicio paralelo al del diagnóstico, basado igualmente en los signos recogidos en la exploración, aunque desde el punto de vista de su sucesión cronológica. En el mismo sentido, de intentar establecer un modo ordenado de diagnosticar la enfermedad, la medicina mágica-creencial busca determinar el tipo de enfermedad, sus efectos físicos y el impacto emocional que esta provoca en el individuo, en un marco sociocultural específico.                                 


 


Magia, religión y medicina.


Desde su origen, la práctica médica ha estado ligada a la magia, este modo de ayudar médicamente al enfermo dio como resultado la denominada medicina mágica. De acuerdo con el diccionario de filosofía Herder, la magia es un conjunto de técnicas y métodos que persiguen un dominio de las fuerzas de la naturaleza, basado sustancialmente en la superstición (contrario a la razón), esto es, en creencias sin fundamento justificado en la eficacia de conjuros, hechizos o invocaciones a poderes ocultos. El diccionario Larousse, define la magia como el conjunto de creencias y prácticas basadas en la idea de que existen poderes ocultos en la naturaleza, y que se deben conciliar o conjurar, para conseguir un beneficio o provocar una desgracia, logrando así una eficacia material. Atendiendo a su finalidad,  originalmente se ha clasificado la magia en magia blanca y magia negra.[2] En el primer caso se pretende obtener un bien, tal como una curación o la consecución del éxito de una determinada empresa; en el segundo, en cambio, se quiere obtener el mal mediante conjuros, sortilegios, maleficios y, generalmente, con la concurrencia de malos espíritus. Si combinamos la definición de magia con la definición de medicina entenderemos que la medicina mágica es el uso de un conjunto de técnicas y métodos para interpretar, prevenir, diagnosticar y curar las enfermedades del cuerpo y del alma, basándose en la creencia del dominio por el hombre de entidades fuerza ocultas en la naturaleza. Así tenemos que en una línea de análisis antropológico, si analizamos los principios del pensamiento sobre los que se funda la magia, sin duda encontraremos que se pueden identificar dos: el primero, que lo semejante produce lo semejante, o que los efectos son semejantes a sus causas, y el segundo, que las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan, se influyen recíprocamente a distancia, aun después de haber sido cortado toda relación material. El primer principio puede llamarse ley de semejanza y el segundo ley de contacto o contagio. En el denominado ley de semejanza, el mago deduce que puede producir el efecto que desee sin más que imitarlo; en el denominado ley de contagio se  deduce que todo lo que haga con un objeto material afectará de igual modo a la persona con quien este objeto estuvo en contacto, haya o no formando parte de su propio cuerpo. Los encantamientos fundados en la ley de semejanza pueden denominarse de magia imitativa u homeopática, y los basados sobre la ley de contacto o contagio podrán llamarse de magia contaminante o contagiosa.


            Es importante recordar que cada sistema médico tiene su marco explicativo o cuerpo teórico, en este marco intenta dar cuenta de lo que es, y lo que trata de estudiar específicamente como actividad social especializada, por ello, para no dejar la idea de una posible contradicción entre lo que es la medicina mágico-teúrgica y la medicina científica, es necesario recordar la definición contemporánea de medicina, la cual se entiende como la ciencia y el arte de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano, o, como la ciencia que tiene por objeto la conservación o el restablecimiento de la salud. En esta definición se manifiestan las características empíricas y teóricas del denominado modelo médico hegemónico, es decir, el de mayor influencia entre los médicos y la sociedad contemporánea, este modelo es el que proporciona mayor eficiencia y eficacia en el tratamiento actual de las enfermedades, interpretadas desde una cosmovisión bio-psico-social científica de lo que el hombre es.


Las diferentes formas o modos de práctica social de la medicina, aparecieron junto con el surgimiento de las primeras sociedades humanas primitivas, por lo que Palencia señala: “Al hombre primitivo se le debe el origen del médico y los comienzos de la Medicina; pero siendo el hombre una criatura muy singular, después de que hubo señalado el camino y dado los primeros pasos que lo conducían a la cura de las enfermedades, bruscamente cambio la ruta y se introdujo a un laberinto de sendas descarriadas que, apartándolo de la ciencia, lo condujeron a un mundo de magia, misterio y superstición”. Con la misma lógica, López Piñero abunda: “A lo largo de los siglos, el médico ha pasado de ser mago y adivino (Prehistoria, Edad Antigua) a “pronosticador” (Renacimiento), esto es, el observador de los síntomas de la enfermedad que aplica remedios más o menos eficaces; luego se convierte en “diagnosticador” (Ilustración), cuando relaciona científicamente la lesión con la enfermedad, pasando a ser, con la Revolución Industrial del siglo XIX, un técnico en el diagnóstico cada vez más especializado”.


El estudio del origen de la relación entre magia, religión y medicina, es de interés para todo aquel que ejerce o estudia profesiones de las denominadas de la salud, porque a diario, en la vida cotidiana, en los consultorios médicos, en las clínicas y hospitales, la medicina denominada mágico-teúrgica se expresa de diferentes formas, coexistiendo con la medicina científica, en unas ocasiones chocando, provocando problemas, y en otras, contribuyendo a la solución de los problemas generados por la enfermedad. El estudio de la medicina mágica tiene que iniciarse a la par del estudio de los pueblos primitivos por varias razones entre las que se encuentran las expuestas por López Piñero: 


 


En primer lugar, porque contribuye a la aclaración de los orígenes de la lucha del hombre contra las enfermedades, muy difíciles de investigar, […] únicamente a base de materiales prehistóricos. En segundo término, debido a que resulta necesario conocer el vocabulario, las ideas y las prácticas de un pueblo en relación con la medicina para organizar eficazmente su asistencia sanitaria. En tercer lugar, porque nuestra orgullosa medicina moderna puede obtener útiles enseñanzas de esas modestas formas de medicina originaria, sobre todo de su arsenal de remedios naturales curativos, obtenidos tras milenios de  "ensayo y error", y del que proceden muchos medicamentos utilizados por la terapéutica científica actual.


 


            Los pueblos primitivos fueron creando las características  del ejercicio de la medicina de acuerdo a su estado de evolución social. Cronológica y geográficamente hablando, fue un desarrollo social heterogéneo, desigual y combinado; de ahí que cuando algunos pueblos primitivos en ciertas regiones del planeta practicaban las formas más primitivas de la medicina mágica, otros pueblos se encontrasen en el ejercicio de estadios superiores. La importancia de estudiar históricamente este desarrollo de la medicina mágico-teúrgica, tiene como objetivo descubrir sus semejanzas y diferencias, ya que al descubrir y comparar estas características podremos identificar cuales de ellas han soportado el paso del tiempo. Y por qué continúan vigentes en las sociedades contemporáneas. De las semejanzas que se han identificado históricamente presentes, tanto en los pueblos primitivos como en las sociedades “primitivas” contemporáneas, tenemos como ejemplo las cinco siguientes:


 


·    Existe una asociación entre las creencias mágico-religiosas que fundamentan la medicina, y las prácticas denominadas ocultas o esotéricas (enseñadas solamente a los iniciados).


·    El afectado es considerado una victima de una divinidad, un demonio o fuerzas malignas a las que el enfermo ha irritado u ofendido, o de una persona enemiga que lo ha hecho objeto de un maleficio.


·    El enfermo es atendido conjuntamente por sus familiares y amigos, con la concurrencia del curandero o hechicero.


·    La relación entre las personas con las divinidades, directa o mediada por el curandero, esta basada en las dualidades unión-separación, orden-desorden, bien-mal, y amor-odio.


·    El daño puede ser provocado por contacto directo o a distancia. El poder que produce la enfermedad se puede transferir directamente a la víctima, o a través de algún instrumento al que se le asignan propiedades específicas.


 


            El sustento teórico de estas características, se ha desarrollado fundamentalmente en el campo de la antropología, las denominadas corrientes antropológicas que estudian las culturas primitivas, han aportado las interpretaciones sobre el origen del pensamiento mágico y religioso. Una corriente de la teoría antropológica, plantea que la esencia de la magia y la religión primitivas es el “animismo”, es decir, la creencia en seres espirituales, y sostiene que tal creencia se origina de una interpretación incorrecta pero convincente de sueños, visiones, alucinaciones, estados catalépticos y fenómenos similares. Se argumenta de la manera siguiente: “El filósofo o teólogo salvaje, al reflexionar sobre tales cosas, dio en distinguir el cuerpo del alma humana. Pues bien, es obvio que el alma continúa viviendo tras la muerte porque se aparece en los sueños, persigue y obsesiona a los vivos en visiones y recuerdos y parece influir en los destinos de los hombres. De tal suerte se originó la creencia en los aparecidos y en los espíritus de los muertos, en la inmortalidad y en el mundo de más allá de la muerte”.


La teoría sostiene, que el hombre primitivo tiende a imaginar la naturaleza como él mismo, y como los animales, las plantas y los objetos se mueven, actúan, entonces están animados por un alma o espíritu, están dotados de una conducta y ayudan al hombre o le son adversos. El animismo, esto es, la cosmovisión, la magia y la religión del hombre primitivo, se construyeron sobre la base de observaciones e inferencias equivocadas pero comprensibles en una mente inmadura y tosca.


     Por lo contrario al animismo, otra de las corrientes teóricas antropológicas nos muestra al hombre primitivo más interesado en la pesca y la horticultura, en los hechos y festejos de su tribu, que en las especulaciones sobre sueños y visiones o en estados catalépticos; a la vez plantea que otros muchos aspectos de la primera teoría no encajan en la explicación sobre el animismo. Este enfoque, contrario al animismo, mucho más extenso y profundo sostiene que la explicación del origen de la magia y religión primitivas, se encuentra en el análisis de tres elementos fundamentales: la magia y su relación con la religión; el totemismo y el aspecto sociológico del credo primitivo; y los cultos a la fertilidad y la vegetación. Es decir, aunque también hay ideas equivocadas, esta forma de interpretar los fenómenos naturales, es producto de una mente más madura y menos tosca, hay mayor elaboración intelectual en la interpretación de los fenómenos.


     Sobre el primer elemento, lo que corresponde a la relación de la magia con la religión, es importante señalar que el hombre primitivo busca ante todo, observar el curso de la naturaleza para fines prácticos, y lleva a cabo acciones de modo directo, por medio de rituales y conjuros, buscando obligar al viento y al clima, a los animales y a las cosechas, a obedecer su voluntad. Sólo mucho tiempo después, al toparse con las limitaciones del poder de su magia, se dirigirá a seres superiores, con miedo o con esperanza, en súplica o en desafío; tales seres superiores serán demonios, espíritus de los antepasados o dioses. La magia es la confianza del hombre, en poder dominar la naturaleza de modo directo. La religión, es la confesión de la impotencia humana en ciertas cuestiones, lo cual eleva al hombre por encima del nivel de lo mágico, así la magia tiende a sucumbir y la religión a manifestarse. La magia está fabricada por la tradición, es impenetrable y se desarrolla en una atmósfera de misticismo. La magia es oculta, se enseña por medio de misteriosas iniciaciones y se continúa en una tradición hereditaria sumamente exclusiva. El manantial de donde la magia se alimenta,  es la idea de un poder místico e impersonal (mana, orenda, manitu), en el que creen la mayor parte de los pueblos primitivos. La creencia en esta fuerza sobrenatural e impersonal, está presente y mueve todas aquellas acciones que son concernientes al hombre primitivo, y son causa de todos aquellos sucesos importantes que acaecen en la esfera de lo sagrado. De esta suerte, el mana, y no el animismo, es la esencia de la magia, y a la vez, constituye la esencia de la religión.


En la religión las fuerzas naturales se personifican, se “humanizan”, lo misterioso y lo oculto se hace público; se incluye a la colectividad en el conocimiento y el manejo de la impotencia, y se le instruye en el cumplimiento de los principios fundamentales de las prácticas sociales que le permitan establecer una relación adecuada del hombre con sus dioses.


En el segundo elemento, el surgimiento de la religión, el tótem juega un papel importante. Totemismo según la definición de Frazer: “es una íntima relación cuya existencia se supone, por un lado, entre un grupo de gentes emparentadas y una especie de objetos naturales o artificiales por el otro, objeto al que se llama tótem del grupo humano”, así el totemismo tiene dos aspectos: es un modo de agrupamiento social y un sistema religioso de creencias y prácticas. Como elemento básico de la religión, el totemismo expresa el interés del hombre primitivo por todo lo que le rodea, se propone buscar afinidades y lograr dominar las más importantes especies vegetales o animales, objetos inanimados, útiles y cosas que son producto de su propia creación. Las especies animales y las plantas que le son útiles, o forman parte del alimento cotidiano, son motivo de reverencia totémica y tabú,[3] para los miembros del clan al que esta asociado, en ocasiones, realizan ritos[4] y ceremonias destinados a favorecer su multiplicación. El aspecto social del totemismo es la subdivisión de la tribu en grupos menores denominados cla­nes, gente, o fratrías. Por lo anteriormente dicho, el totemismo es resultado de una ansiedad por satisfacer la necesidad de objetos de su entorno, sumado a la abstracción por elementos que atrapan su imaginación y atención (pájaros, reptiles o animales peligrosos), así, la religión primitiva y la actitud totémica del pensamiento, se ve más cerca de los intereses prácticos y cotidianos de la vida. El hombre primitivo dependía del grupo del que formaba parte, para la cooperación en lo práctico y la solidaridad en la vida psíquica o mental, por lo cual, se desarrolló una conexión estrecha entre la organización social y credo religioso, culto primitivo o ritual.


     El tercer elemento es el relacionado con los cultos a la vegetación y la fertilidad; se presentan como una variedad de adoraciones mágicas y religiosas, ideados por el hombre para estimular y controlar la labor fertilizadora del cielo, la tierra, el sol y la luna, incluyendo algunos que pueden llevar acarrear la muerte, de algunos de los miembros del grupo. Para el hombre primitivo, la muerte dio oportunidad a la resurrección, como sucede en la naturaleza con la plenitud del otoño, el decaimiento del invierno y el renacimiento en la primavera. De las crisis en el ciclo vital humano, brotaron la fe y el culto, esto es, de los grandes acontecimientos de la vida como el nacimiento, la adolescencia, el matrimonio, la muerte, surgieron las grandes experiencias emocionales y tensiones instintivas, por la satisfacción de las necesidades básicas que conducen, de una u otra manera, al culto y al credo (dogma).


     Considerando los tres elementos señalados: la magia y su relación con la religión; el totemismo y el aspecto sociológico del credo primitivo; y los cultos de la fertilidad y la vegetación; podemos decir que la magia y religión, no son solamente filosofía o construcción intelectual de opiniones, sino un modo espe­cial de actuación, una postura pragmática que han construido la razón, la voluntad y el sentimiento a la vez. Es modo de acción, es sistema de credo y fenómeno sociológico además de experiencia personal.


Sea cual fuere la corriente teórica de la antropología que mejor explique el origen de la magia y la religión, una y otra nos han permitido observar hasta el momento, que todas las acciones y formas de pensar del hombre primitivo están vinculadas a una cosmovisión mágico-teúrgica de la vida humana, y como la vida, es también el objeto principal de las acciones de la medicina, ésta, magia y religión se confunden. De ello García escribe: “Medicina y religión son conceptos, como puede verse, indiferenciables para los pueblos primitivos y, en su concepto de enfermedad tienen cabida, además de todos los factores espirituales señalados, las conexiones sociales entre los individuos, que son también sacralizadas, para no poder ser variadas por el permiso de los dioses o de los espíritus y, por eso, el papel del médico en estas sociedades arcaicas se agiganta al ser superior a los demás, su cantidad de maná, la energía primaria dadora de la vida”.


 


La interpretación mágica de la enfermedad.


Los aspectos descritos de la magia y la religión, parecen algo ajenos a la época actual, aún más, con el desarrollo de la medicina científica, nos parecen todavía más extrañas las prácticas de las medicinas prehistórica y primitiva, por lo alejado de su origen en el tiempo o en el espacio. Por el contrario, en las sociedades modernas, la práctica popular de la medicina y la consecuente interpretación de la enfermedad, poseen en gran proporción, los mismos fundamentos, temas y técnicas de la medicina mágica y religiosa de la época prehistórica y primitiva. En este sentido, en la medicina folklórica,[5] tradicional o popular actual, pueden manifestarse formas semejantes de la medicina prehistórica y primitiva de cualquiera de los tres modos siguientes:


1.       Práctica médica popular en la cual coinciden los elementos de la medicina de los pueblos primitivos actuales (con poco desarrollo urbano), con los elementos de la medicina de las épocas prehistórica y primitiva. Este fenómeno se ha identificado que se practica de manera semejante en todos los países del mundo.


2.      Práctica médica popular que se origino de la combinación y asimilación de medicinas de otras culturas foráneas con las que un país ha convivido a lo largo de su historia, desde las más antiguas hasta las más recientes, siendo muy variables y expresando la tradición histórico cultural de cada país.


3.      Práctica médica popular, ejercida de cualquiera de las dos maneras anteriormente mencionadas, a la cual se le ha incorporado parcialmente teorías, métodos y técnicas de la medicina científica en los procesos de diagnóstico, terapéutica y pronóstico. No excluye la interpretación mágica o religiosa de la enfermedad o de las características individuales del curador.


 


            Cualquiera de los tres, que sea el modo en los que se ejerza la medicina popular, a cada uno de ellos le corresponde una interpretación de las enfermedades en función de los fenómenos mágicos o religiosos, como por ejemplo, el embrujamiento por malas artes de brujas y hechiceros, la posesión por un demonio o espíritu maligno, el castigo divino consecuencia de un pecado y el maleficio provocado por individuos con poderes sobrehumanos. Otra forma de interpretar las enfermedades en este marco interpretativo son las relaciones “causales” ocasionales, entre fenómenos de la naturaleza y la génesis de la enfermedad, relaciones que en la realidad no tienen fundamento empírico, pero que se les asocia al concederles significados mágicos ocultos entre los dos elementos, para explicar la atracción entre el fenómeno natural y la enfermedad. Incluye la práctica popular de la medicina, una explicación arbitraria de la influencia de las causas naturales en la aparición de las enfermedades, así es como se explica que, fenómenos tan comunes como las corrientes de aire, las impresiones emocionales, los enfriamientos por cambios bruscos de temperatura, los disgustos y los sustos, producen cambios físicos evidentes que proporcionan las “pruebas” irrefutables, de la relación del fenómeno natural con la enfermedad. Para ilustrar lo dicho aquí consideremos la multiculturalidad mexicana como ejemplo de esta explicación. “También en México, los estudios de medicina tradicional han identificado un conjunto de enfermedades que se pueden clasificar sobre la base de esta nosología y que comúnmente se han definido como “folk”, “populares”, “tradicionales” o como “síndrome de filiación cultural”, para explicar la estrecha vinculación con la visión del mundo y la cultura de un pueblo”.


            Bajo esta interpretación de la enfermedad, que se expresa en los pueblos rurales y en algunas zonas urbanas del México actual, se describen a continuación algunos ejemplos de muchas de esas “enfermedades”, que tanto en el pasado como en el presente se diagnostican, tratan y pronostican de manera semejante a la de la época prehistórica y primitiva.


Aire. Es la alteración de las funciones vitales del cuerpo de un individuo por una fuerza fría, maligna y dañina, debida a la penetración de un “mal espíritu”. El “Aire” que más afecta es el que genera el espíritu de una persona muerta por accidente u homicidio. El “Aire” produce escalofríos, decaimiento, fiebre, perdida del habla, somnolencia y vómito.


Daño por Brujería. Se debe a la manipulación de fuerzas y poderes mágicos por parte de personas que poseen el “don” para hacerlo, se trata de la penetración en el cuerpo de la víctima de un objeto extraño (plumas, carne, madera, hueso, tierra, piedras, etc.), fuerza o aliento dañino. El proceso de penetración o ingesta a través de una bebida o un alimento “preparado”, se acompaña de conjuros, oraciones, recitaciones de plegarias, invocaciones a las fuerzas del mal, soplos, gestos y un sinnúmero actos y de ritos. El “Daño” también puede lograse por la manipulación de alguna pertenencia de la víctima, su nombre, una fotografía, una prenda de vestir, cabello, recortes de uñas o un muñeco que contenga alguno de estos objetos. Con el nombre de “Daño” se identifican un conjunto muy amplio de malestares, enfermedades y padecimientos de carácter físico o mental de diversa índole.


Mal de ojo. Es una enfermedad originada por la “vista fuerte” de algunos individuos, personas cuya sola mirada provoca desgracias, la “mirada fuerte” puede provocar trastornos físicos, dolencias y ocasionalmente la muerte, tanto de niños como de adultos. También se adjudica a otras causas, como son, los excesos sexuales, la envidia, la codicia, el embarazo y el puerperio. Los niños por su condición anímica de debilidad, son especialmente propensos a ser víctimas del “mal de ojo”, al igual que las crías de animales y las plantas. Quién es afectado por el “mal de ojo”, sufre un repentino decaimiento, diarrea, vómito, intranquilidad, inapetencia, dolor de cabeza e irritación de los ojos.


Susto.[6] Se origina por una repentina y fuerte impresión que sufre la persona que se espanta, una caída, observar actos violentos, ver a un familiar en situación de peligro, la aparición repentina de un animal, el encuentro con duendes, chaneques o “almas en pena”. El “Susto” puede presentarse durante el sueño por soñar que se encuentra en peligro o es asustada por algo o alguien. A la persona asustada se le desprende del cuerpo el alma o el espíritu, quedando atrapada su entidad en el lugar donde se presentaron los sucesos. Quien sufre de “Susto” suele tener falta de apetito, debilidad, depresión, sueño incontrolable, insomnio, diarrea y vómito. Si no se atiende a tiempo, el “Susto” puede generar dolor de cabeza, calentura, escalofríos, cansancio, dolor de huesos, mareos y sudoración durante el día o la noche.


Bilis. Esta enfermedad se caracteriza por un “derrame de bilis” causada por un coraje o “muina”, tristeza, comer después de haberse enojado, ingerir alimentos calientes o fríos después de haberse enojado, comer a deshoras, miedo o susto.  El derrame de bilis se cree se debe a que el cuerpo, el hígado y la vesícula se calientan. Los síntomas son: falta de apetito, dolor estomacal, sabor amargo de la boca, color amarillento de la piel y los ojos, vómito y dolor en el hígado.


Latido. Es otro padecimiento que consiste en la percepción de la pulsación de la sangre a la altura del ombligo, ello es producto de la mala alimentación, o haber realizado esfuerzos o trabajos pesados, sin haberse alimentado adecuadamente. Se caracteriza por dolor de estómago, inapetencia, vómito, diarrea, dolor de cabeza, debilidad, dolores y fiebre.


Cuajo.[7] Consiste en el desplazamiento de una parte del estómago o de los intestinos, o del derramamiento de un líquido que contienen. Es producto de una caída, un sentón o sacudir bruscamente a un niño. Provoca vómito, diarrea, calentura, falta de apetito y estomago “inflado” o “sofocado”.


Caída de la mollera. Que consiste en el hundimiento de la fontanela[8] anterior de los niños lactantes menores, provocada por una caída, sacudir bruscamente al niño, retiro repentino del pezón de la madre cuando el niño esta siendo amamantado, un susto fuerte o la exposición de la cabeza del niño a una corriente de aire frió. Quien sufre de “Caída de la mollera” presenta diarrea, vómito, imposibilidad para deglutir leche o alimentos, desviación de la campanilla[9] y dislocación del paladar blando.


Empacho. Es un conjunto de trastornos digestivos producto de: la ingestión excesiva de alimentos, alimentos que caen mal al estomago, alimentos que se pegan en el estomago,  comer alimentos secos, ingerir fruta inmadura, la ingestión de alimentos descompuestos, comer en exceso y acostarse rápidamente, comer a deshoras y comer después de un coraje. Provoca diarrea muy fétida, cólicos, falta de apetito, fiebre, estreñimiento, estomago caliente y duro.


Vergüenza. Es una serie de trastornos que se presentan en las personas que han sido avergonzadas en público al revelarse algo sobre ella, ser ofendidas o al faltarles el respeto. Al que le da “Vergüenza” sufre de vómitos, diarrea, fiebre, y dolor de estomago.


Espanto de río. Es la enfermedad que se presenta por el extravió o pérdida de la sombra, la cual es capturada por un ente sobrenatural; la pérdida de la sombra acontece cuando al cruzar un río, en un momento de distracción, la persona cae a la corriente viéndose en peligro de ahogarse. “El concepto de sombra no es un concepto occidental; [….] Su introducción y difusión en México se debe al negro africano. La sombra se describe como algo inmaterial que tiene la forma del cuerpo humano.”


            En los Altos de Chiapas existe una brujería que se conoce como “cortar la hora”, cuyo resultado inevitable, se cree, es una muerte de lenta agonía. Holland, al describir los efectos de esta brujería (la enfermedad) en la víctima señala: “Los dioses eligen el castigo adecuado para cada persona. Al principio, ésta comienza a debilitarse, a desmayar y a estar constantemente cansada durante el día e incapacitada para trabajar; por la noche la atormentan malos sueños y el sueño se hace imposible. Puede sufrir accesos de vómitos, fuertes dolores e hinchazones en alguna parte del cuerpo. La situación avanza y empeora cada día hasta que la persona se debilita por completo y sucumbe al final de unos meses, no más de un año”.           


A los ejemplos anteriores de la interpretación de la enfermedad desde la perspectiva mágico-religiosa, hay que sumarle algunas otras interpretaciones de otros problemas de salud como son: las malformaciones congénitas de un recién nacido, como producto de que la madre no satisfizo determinados deseos o “antojos” durante el embarazo; el labio y el paladar hendido por haber concebido durante la luna llena; nacimiento de niños tontos, locos o ciegos, por la influencia de la luz de la luna (niños alunados); se atribuye la presencia de numerosas verrugas por haber contado las estrellas; y la aparición de perrillas (inflamación de las glándulas de los parpados), por observar a los perros en plena actividad sexual entre muchos otros problemas de salud. La manera en que se interpreta actualmente la enfermedad desde la perspectiva mágico religiosa, se encuentra enmarcada en la más remota tradición del conocimiento de la medicina azteca, donde la enfermedad se veía como la consecuencia de un castigo. Los médicos debían conocer la naturaleza de las plantas, la influencia de las estrellas sobre el cuerpo, y por tanto el calendario astrológico, la interpretación de sueños y augurios; había entre ellos cierta especialización, y de ordinario se formaban por tradición familiar. Los sacrificios humanos y el banquete ritual ulterior, dieron notable sustento al saber anatómico. La observación del enfermo, el uso de drogas alucinatorias y las creencias mágico-religiosas, se juntaban en la práctica del diagnóstico, a las hierbas medicinales, los baños de vapor y cierta psicoterapia.


           


El curador, el diagnóstico y el tratamiento mágico.


“Enfermedad y muerte provocaron un miedo irracional: el alma de los animales había penetrado en el alma del hombre. Nuestros ancestros suponían que los demonios de un cadáver se apoderaban de los vivos para hacerles daño, y buscaron conjurar el terror mediante súplicas, hechizos, prohibiciones y evasiones; el miedo al padre los obligó a someterse a seres que creían superiores, creando así dioses y déspotas, tiranos construidos por sus mentes que terminaron dominando su cuerpo. Sólo el brujo, el sacerdote, hombre médico que atendía el cuerpo y el alma mediante oraciones y conjuros, proporcionaba alivio”. Como Ortiz señaló arriba, la importancia de este último personaje, diferente y especial en cada cultura primitiva, merece atención aparte. Suele denominársele “chamán”, palabra que tiene su origen en los pueblos primitivos de la región siberiana, o también  “medicine-man” (hombre medicina), expresión propia de los indios norteamericanos.


            Desde aquella época, el chaman creó y desarrolló instrumentos de diversa índole, algunos de ellos fueron utilizados para ceremonias y ritos, otros se utilizaron para el desarrollo y la aplicación de primitivas técnicas quirúrgicas, tales como la trepanación (se sabe por la paleopatología que hubo sobrevivientes a esta intervención, ya que se han estudiado cráneos donde se identifican signos de cicatrización). Así ocurrió, que ante la sospecha de una enfermedad debida a una posesión demoníaca -y si el chamán lo consideraba necesario-, practicaba una trepanación, hacia un orificio en el cráneo, con el objetivo de permitir la salida del demonio patógeno a través de él. Se ignora si el carácter de estas operaciones fue exclusivamente ritual o de curación, aunque posiblemente tuvieron un doble carácter: mágico y médico a la vez. Posteriormente a los instrumentos creados con fines curativos, se le sumó el uso de las plantas con fines medicinales, esta combinación de plantas e instrumentos consolidó al chaman y al pensamiento médico de la época cuyo objetivo era aliviar y/o curar.


            El “chaman”[10] llegó a ser un individuo con trabajo especializado, en una sociedad como la primitiva con una división mínima del trabajo, donde todo mundo participaba en prácticamente cualquier tipo de actividad en beneficio del grupo. Hay comunidades en las que el “chaman” combina las funciones de sanador, mago y sacerdote, e incluso las de líder político; en otros, es casi solamente curandero, a veces dedicado únicamente a un solo tipo de trastornos. Se llega a ser “chamán” o curandero por herencia, por mero aprendizaje o por elección debido a características personales que se estiman extraordinarias.


Para diagnosticar, el “chamán” recurre a formas de adivinación tan variadas como: la “lecanomancia”, que fue una forma de adivinación del padecimiento de una persona; consistía en observar el comportamiento de sustancias no hidrosoluble como el aceite, vertidas sobre el agua contenida en un recipiente, se usaba para diagnosticar y tratar a la enfermedad, y fue muy utilizada por los antiguos sanadores. La “empiromancia”, fue la adivinación por el fuego, llama, o humo de una hoguera, también fue una técnica muy utilizada para el diagnóstico entre los sanadores de los pueblos primitivos. Interpretar las señales mágico-religiosas que aparecen en el vuelo de las aves, observación de las vísceras, especialmente el hígado de los animales sacrificados (hepatoscopía), la interpretación de los sueños (oniromancia), las expresiones o gritos de mediums en trance, las figuras trazadas en la tierra, la disposición de los granos o semillas en el agua y la interpretación de las figuras que forma el humo de una hoguera, todas ellas fueron utilizadas consistentemente. También interroga al enfermo y lo observa con cuidado recogiendo hechos que le permitan vincular el origen de la enfermedad con la interpretación mágico-religiosa. Ocasionalmente diagnosticará a través de los objetos personales, o por los rasgos corporales de los enfermos.  En las medicinas primitivas, el diagnóstico es mucho menos clínico que etiológico. Reconocer una enfermedad no es establecer su naturaleza; es sobre todo, descubrir su causa. Esta es la razón de que la nosología sea mucho más una clasificación de causas que una clasificación de efectos. Para el diagnóstico de todas las afecciones “naturales”, el médico primitivo se valió de un examen clínico más o menos completo, pero fundado a menudo en un profundo conocimiento de  lo que nosotros llamamos medicina empírica. Ante una concepción sobrenatural de la enfermedad, el diagnóstico consistía entonces, en reconocer la potencia causal y descubrir, siempre que sea posible, los motivos que la han impulsado.


Por la relación paralela entre el diagnóstico y el pronóstico; el descubrimiento de la causa informaba al médico, al enfermo y quienes los rodean sobre las acciones terapéuticas. Así mismo, confirmaba al sanador la expectativa de su intervención. El hechicero, brujo, chaman, sacerdote o medicine-man, recurrió entonces a la adivinación y se inspiró en presagios. Se lograba hacer un diagnóstico en las culturas primitivas, mediante el interrogatorio al que ritualmente era sometido el enfermo con el objeto de saber qué pecado había cometido, en resumen, era llamado “examen de conciencia”. La adivinación que era una serie de ritos mágicos que daban a conocer bajo forma de presagio, la índole y el pronóstico de la dolencia. También se realizaba otro interrogatorio al paciente pero de una manera más objetiva, para llegar al diagnóstico, pronóstico y dar un tratamiento adecuado a la enfermedad.


Para el tratamiento de las enfermedades, el hombre primitivo utilizó procedimientos que aparecen ante la medicina actual, como imprudentes, irracionales, fantásticos y desconcertantes.  En la enfermedad mágico-religiosa, el “chamán” recurrió, por un lado a la utilización de exorcismos, ensalmos y oraciones, práctica de actos penitenciales ordenados al enfermo, por otro lado, empleó el amplio arsenal de los remedios naturales, aprovechando la acción terapéutica del calor, el agua o los masajes, se curaban las heridas, se corregían e inmovilizaban las fracturas, se realizaban operaciones quirúrgicas de diferente grado de complejidad, y sobre todo, se usaban vegetales con propiedades curativas reales o imaginarias.


            Estas terapéutica, se basaban en algunos principios generales que las hacían menos comprensibles. Tuvieron su origen directamente de las creencias básicas del espíritu humano, siendo el resultado de procesos sociales, que generaron concepciones inspiradas en la liturgia, el simbolismo, el esoterismo, comunes en la mayoría de los pueblos primitivos a las cuales les denominamos ritos.


Los hechiceros de Malasia tienen prestigio y riqueza, gracias a su poder de provocar o curar enfermedades a voluntad, quemando ritualmente los desechos de sus víctimas. Este poder se basa en la creencia de que el ser humano y lo que le pertenece, tiene lazos indisolubles, incluso en casos de separación material. Por ello cabellos cortados, recortes de las uñas, excrementos evacuados, vestimenta en desuso, armas, instrumentos desechados, forman unidad a distancia, con su expropietario, constituyéndose en una presa para las maniobras mágicas benéficas o maléficas de los hechiceros.  En algunas tribus de diferentes regiones del mundo, con fines protectores de potencias malévolas, los padres no dan a conocer el nombre de sus hijos hasta después de la ceremonia de iniciación. Esto se basa en la creencia del poder de las palabras, pronunciar el verdadero nombre ante un extraño equivale a ponerse a su merced y ser víctima de maleficios mágicos. Los maleficios provocan enfermedades y no revelar el nombre verdadero, protege a los hijos médica y mágicamente. Los indígenas de Australia, ingieren o se ungen simbólicamente un poco de sangre, para conferirle al enfermo fuerzas vitales que le faltan. Este rito se basa en la creencia de la acción por simpatía, que admite la posibilidad de transferir fuerzas inmateriales de un objeto a otro. El canibalismo ritual, que practicaban los aztecas y posiblemente vigente en algunos pueblos socialmente subdesarrollados, pretende que los consumidores, incorporen mágicamente las virtudes morales o físicas de un pariente, héroe o enemigo poderoso recién fallecido. Esto es parte de la creencia en la acción por simpatía o por telepatía, elemento fundamental en la medicina mágica, que admite que se pueden transferir fuerzas inmateriales de un hombre (vivo o muerto) a otro, o de un ser humano a un animal. Esta transferencia puede operarse a distancia o por contacto, y puede realizarse en los dos sentidos. Así, es posible trasladar el mal de un individuo que sufre, a un individuo sano; inversamente, un ser sano puede suministrar los elementos que le faltan a un enfermo, en virtud de una especie de “opoterapia inmaterial”.


Ciertos fetichistas africanos, para “volver a introducir bajo la piel” erupciones cutáneas, ordenan una medicación que contiene un trozo de cuello de tortuga. Se busca establecer una relación mágico-funcional entre la acción de la tortuga de esconder la cabeza bajo su concha para protegerse y la transferencia de esta acción para “esconder” las erupciones del enfermo bajo la piel. Los Thongas de África del Sur, tratan las enfermedades renales por medio de las judías, debido a la creencia de relación mágico-morfológica entre el riñón y la forma de las judías.


La medicina mágica transforma coincidencias en vínculos de causalidad, cree en interacciones sinérgicas o antagónicas entre elementos semejantes. Expresa la relación existente entre un individuo y su propia imagen reflejada en un espejo o entre un ser viviente y su efigie, una figuración simbólica dibujada o pintada en una pared, un modelado en arcilla, una escultura tallada en piedra por un artista o una figurilla bastante conformada por un hechicero. Varios ritos de transferencia o de sustitución se apoyan en esta creencia. Esta semejanza mágica implica relaciones de orden puramente formal, tales como simples homonimias, la asociación de ideas, la analogía o una alusión; así, el hecho de derramar una libación de agua, o incluso de llorar, atrae la lluvia. Todo elemento que provenga de un elefante, un pelo por ejemplo, esta reputado como protector de la dentición humana, por la única razón de que este animal posee un aparato dental impresionante.


El simbolismo mágico va más lejos todavía, recordemos el valor purificador del agua, el efecto de ciertos colores (en el Extremo Oriente, se atribuye al rojo la virtud de ejercer una acción protectora ante a las intervenciones demoníacas), la significación atribuida a las figuras triangulares, el poder obligante de los círculos, la acción interruptora de los nudos, las virtudes determinantes de ciertos números, y en consecuencia, de las repeticiones verbales (casi todas las culturas otorgan un lugar especial a la acción mágica de las palabras, y la aplican al arte de curar), o de los ritmos de encantamiento. Todo ello utilizado en la explicación de la génesis de la enfermedad, su diagnóstico y tratamiento.


            Baste con las prácticas descritas en los párrafos anteriores para ilustrar la terapéutica en la relación de la magia con la medicina. Comentemos ahora que en la prevención de las enfermedades desempeñan una función fundamental los talismanes (objetos a los que se atribuyen poderes mágicos), cuya acción depende de las características materiales, como los imanes, las piedras preciosas, algunas semillas y partes de algunos animales; misma función tiene los amuletos (objeto pequeño que se lleva encima, a los que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien), que deben sus propiedades a la forma que tiene y/o la inscripción que llevan.


            La medicina de las culturas primitivas trató de encontrar la razón de la enfermedad, el dolor y la muerte en el ámbito sobrenatural. Así que, la religión, la magia y la medicina son inseparables en este orden de ideas. El brujo o hechicero, el sacerdote y el médico, concurrían en la misma persona. Ante la enfermedad y la muerte, que nos producen incertidumbre -hoy como en el pasado-, se recurrirá al mundo de la magia y la religión, como producto de nuestra ignorancia ante estos fenómenos que producen temor y angustia. A partir de este momento se inició el desarrollo del pensamiento médico, que se fue conformando desde el pasado y hasta nuestros días como un sistema de principios, creencias, ideas, descubrimientos, invenciones, que han originado la medicina actual.


 


La interpretación teúrgica de la enfermedad.


Como hemos dicho, la enfermedad como expresión de lo social y lo individual, ha tenido diversas interpretaciones derivadas de diferentes cosmovisiones surgidas en el transcurso de la historia de la humanidad. Una sociedad teocéntrica buscará explicaciones centradas en los poderes sus dioses; una sociedad materialista procurará dar respuestas a sus problemas de acuerdo con los hechos materiales; la sociedad industrial ofrecerá interpretaciones basadas en su pragmatismo. La aparición de la medicina racional, no significó el final de la interpretación de la enfermedad basada en las creencias mágicas y religiosas; por el contrario, ésta ha sobrevivido en la medicina popular, y en una serie prácticas médicas más complejas, que apoyan en una mezcla de empirismo, religión y ocultismo. Las causas de su pervivencia son muchas, y entre las más importantes tenemos:  “curación de enfermedades” desde su perspectiva interpretativa;  el costo cada vez más elevado de la asistencia médica científica; los fracasos de la medicina científica por dar falsas expectativas de curación a enfermedades que hasta el momento no tienen tratamiento específico; falta de educación sanitaria; mala atención médica; enfermedades crónicas incurables; trato muy técnico y alejado de lo humano; todo ello provocando que los curanderos modernos se aprovechen de tales circunstancias.


            La lucha contra la enfermedad basada en la religión y el ocultismo ha adoptado formas muy diferentes. En los antiguos pueblos mesopotámicos la compleja organización religiosa asignaba a los dioses funciones muy específicas, para ellos, las enfermedades fueron producto de la acción de espíritus malignos y demonios, que vigilantes todo el tiempo, aprovechaban cualquier descuido de los dioses protectores. Y los dioses podían desamparar al hombre que los había ofendido, y con ello provocado su cólera. Por eso, el enfermo es -al modo de ser mesopotámico-, un pecador, un hombre que con su enfermedad esta pagando la ofensa que ha cometido al desobedecer los mandatos divinos. Por ello, la palabra shértu signifique al mismo tiempo “pecado” y “castigo”. Los conceptos terapéuticos Asirio–Babilónicos, se basaban en la creencia de que todos lo fenómenos terrenales o cósmicos, se encontraban subordinados a la voluntad de los dioses y por ello el carácter teúrgico de la medicina. Todas las dolencias o maleficios producidos por demonios, o sus curas, se explicaban a través de una correlación entre dioses, genios benéficos o maléficos, existiendo uno responsable para cada enfermedad que intercedían ante Enlil, Enki, Ninie Gula o Ea altesa, dios de los médicos, y padre de Marduk gran dios babilónico. En la Medicina mesopotámica, la dolencia era un castigo divino, originado por una falta, por eso la intervención del médico o sacerdote se iniciaba con una confesión doliente, y la curación tenía un tinte de purificación a través de la catarsis, y atribuida al contenido mágico del medicamento; algunos aspectos de la medicina mesopotámica surgen de su mitología, por ejemplo, utilizaron la serpiente como símbolo médico, que tiene su origen en la leyenda sumeria del héroe Gilgamesh, que se sumerge hasta el fondo del mar para coger la planta de la eterna juventud, a su regreso en un momento de descuido, una serpiente la roba y engulle la planta, rejuveneciendo, mudando su piel y por lo tanto se le relaciona con la curación de las enfermedades.


            Los mesopotámicos reconocieron tres clases de espíritus malignos causantes de las enfermedades: los edimmu o ekimmu, espíritus de los muertos que no consiguieron su debido descanso; los lila, lilita o ardatlili, espíritus malignos engendrados por la unión de un demonio con un hombre o una mujer, para buscar el comercio sexual; finalmente los dioses inferiores, que son los que más comúnmente generan las enfermedades. Así, Nergal fue el dios de la pestilencia; Ashakku originaba la fiebre y las enfermedades de tipo constitutivo; Ti´u producía cefaleas; Sualu ocasionaba afecciones del pecho. En las siguientes oraciones se ilustra con toda precisión la concepción teúrgica de la enfermedad por los mesopotámicos:


 


“Fiebre (Ashakku) en el hombre, ha invadido su cabeza.


Enfermedad (Namtaru) en el hombre, ha invadido su vida.


Un espíritu malo (Utukku) ha invadido su cuello.


Un demonio malo (Alú) ha invadido su pecho.


Un fantasma malo (Ekimmu) ha invadido su vientre.


Un diablo malo (Gallu) ha invadido su mano.


Un dios malo (Llu) ha invadido su pie,


Estos siete juntos le han apresado.


Devoran su cuerpo como un fuego consumidor.”


 


El tratamiento, consistía conjuntamente en actos religiosos y prácticas empíricas. Con el planteamiento señalado, se comprende que lo principal fueran las oraciones y sacrificios al dios ofendido para obtener su perdón. Ello no excluía la aplicación de métodos concretos de tratamiento: dietas, fármacos, medicina física, intervenciones quirúrgicas, etc. Pero el hecho de que lo más importante fuera el descubrimiento de la causa moral de la enfermedad, de la ofensa al dios -y por tanto, supusiera el repaso de la vida personal de cada enfermo-, nos presenta muy adecuadamente la medicina mesopotámica como un primer esbozo de medicina teúrgica o teológica.


            Dentro de la concepción egipcia antigua de la enfermedad, no existía un dios único de la medicina, algunos de los dioses llegaron a estar relacionados con las enfermedades: Thot o Amon, pero sobre todo Dwaw, fueron los dioses de los oculistas; otro dios relacionado con las enfermedades de los ojos fue Makhenty-irty; Atum fue relacionado con las enfermedades de los genitales y los ojos; Min el “médico bondadoso” fue relacionado con las enfermedades del corazón; protegían de los problemas del parto Ta-urt (el hipopótamo), Heqet (la rana) y Net; a quienes había mordido una serpiente les protegía Meret-Seger (la serpiente). De estos sentimientos profundamente religiosos que penetraron todas las costumbres del pueblo egipcio, se origino la práctica sacerdotal de la medicina que posteriormente se extendieron a Grecia y a otras culturas del mar Mediterráneo.


 


“Otras deidades como Seth y el mismo Ra, también tuvieron amplios poderes curativos, pero, el más destacado de todos fue Imhotep, personaje que vivió hasta el año 2600 a.C., poeta, arquitecto, quizás rey o sacerdote y, al parecer también médico, que fue considerado principal dios de la medicina e hijo de Ptah, desplazando a Thoth como principal divinidad relacionada con la salud hacia el             siglo VI a.C., cuando fue relacionado con el dios griego Asclepio, uniéndose ambos como Asclepios Inhuotes.”


 


            Ilustremos la interpretación teúrgica de la enfermedad de los egipcios con un párrafo de la novela Sinuhé el egipcio: “Mientras hablaba, iba hundiendo el taladro en el hueso con rápidos y precisos ademanes. Entonces el heredero abrió los ojos, avanzo un paso y dijo con el temblor en el rostro: - No es Amón, sino Re-Herakthi quien lo bendecirá y Atón es su manifestación. Volvió a coger el cuchillo de silex y un martillo de mango de ébano y a golpecitos separó el hueso. Yo le tendí las pinzas y sacó el trozo de hueso, de manera que la cabeza osciló sobre las rodillas de la reina. - Un poco de luz Sinuhé. Ptahor suspiro, porque lo peor había pasado. Bajo la luz, Ptahor examinó un instante el real cerebro cuya materia era de un bello color gris y palpitante. -¡Hum!...– dijo Ptahor con aire abstraído-. Lo he hecho, Atón es quien debe hacer ahora el resto, porque es cosa de los dioses y no de los hombres. Ligera y cautelosamente puso de nuevo en su sitio el trozo de hueso, tapó la grieta con una pomada y volvió a poner la piel en su sitio; después curo la herida. La real esposa colocó la cabeza sobre la almohada de madera ricamente tallada y miró a Ptahor. La sangre se había secado sobre sus rodillas, pero le era indiferente. Ptahor cruzó una mirada impávida con ella sin inclinarse y en voz baja dijo: -Vivirá hasta el nacimiento del día si su dios lo permite.”


La magia y la religión estaban estrechamente unidas a la vida y a la medicina de los egipcios, el decir conjuros, estaba íntimamente unido al remedio para que surtiera efecto. Los egipcios se dedicaron a estudiar el por qué estaban enfermos y por qué se morían, y pretendieron curar las enfermedades e intentaron sanarlos, ya sea en el Sanatorium, adyacente al templo, usando la magia y algunos medicamentos de origen mineral o vegetales, tomaron nota de las plantas que causaban enfermedades, mataban o curaban. Los médicos egipcios estaban organizados, Había tres categorías de médicos: los que practicaban una terapéutica medicamentosa; los cirujanos llamados también “Sacerdotes de Sakhemet” - diosa con cabeza de león, madre de Imhotep, y los magos o conjuradores de enfermedades.


En la antigua India, la enfermedad no es otra cosa que un pecado contra el orden establecido, es como un desorden, a la vez moral y psíquico, una anomalía en el comportamiento, que entraña una enfermedad de una manera automática. Quien mantiene el orden es Varuna, dios médico mantenedor del orden cósmico, castigará, especialmente con la hidropesía, a quienes violen el orden rita. Otros dioses o demonios relacionados con la génesis de la enfermedad hindú son: Nirrit quien encarna la “perdición”; Garrí responsable de las posesiones, Rakshas demonios especializados en abortos y de muchas otras enfermedades; a los gemelos Ashvin se les invoca en caso de ceguera, adelgazamiento y fracturas; devabhishajc son los que recomponen cabezas cortadas, ojos perdidos, curan la impotencia y la parálisis del brazo; y Rudra un dios caritativo y a la vez colérico que cura los males que él mismo produce. Del último se dice en el Atharvaveda: “Quien lo ha hecho, que lo deshaga; él es el mejor médico”.       


            El hinduismo favoreció un sistema de medicina secular conocida como ayurvedica            (conocimiento de la vida). Inicialmente, como en las anteriores culturas, los indios      pensaron que la enfermedad se debía al castigo de los dioses, que actuaban sobre la salud y la enfermedad, por lo que Dhavantari era el patrón de la medicina. No obstante, conforme se desarrolló la creencia en la reencarnación y se consideró que el pecado se castigaría por la misma naturaleza, fue orientándose un sistema racional y popular de medicina diagnóstica y terapéutica. Los médicos indios vislumbraron las bases, de los que con los griegos habría de ser la medicina científica.


No podemos dejar la idea, de que la medicina hindú era puramente mágico-religiosa, una gran parte de ella se combinaba con la medicina pretécnica o precientífica, así tenemos, que para los antiguos Hindúes, la enfermedad resultaba de un desequilibrio o desorden en la dinámica de los tres dhatu principales; por lo que la “doctrina de la tridosha” es el núcleo de la patología india. Los modos de enfermar podían ser múltiples. Caraka, consignó cuarenta enfermedades producidas por el soplo, cuarenta por la bilis y veinte por la pituita. Las afecciones morbosas fueron por otra parte, clasificadas por la localización de sus síntomas o lesiones: externas, internas y medias. En muchos casos, los síntomas aislados ya no son considerados como enfermedades autónomas, sino como parte de los conjuntos que nosotros llamamos síndromes y especies morbosas.


            También en la antigua Grecia, hubo un periodo en que la medicina mágica predominó sobre la que después habría de constituirse en la medicina científica, el concepto teúrgico de la enfermedad en el periodo mítico de esta cultura clásica, se refleja en lo que describe Sigerist:


 


En la Grecia clásica mientras los médicos y filósofos griegos estudiaban la naturaleza de la enfermedad, había mucha gente que interpretaba los padecimientos por medio de la religión y buscaba su curación en los templos. Los dioses enviaban males y también enfermedades. Los dardos de Apolo acarreaban la peste. Las Furias, con sus cabellos de serpiente, castigaban el crimen e inducían a la locura. Quienes miraban a Medusa quedaban paralizados, y su efigie se usaba como amuleto para proteger del mal de ojo. En Esparta, la gente que sufría de enfermedades de los ojos adoraba a Atenea           Oftalmitis.           


A Apolo se le consideraba como al inventor de la medicina; sus funciones curativas eran             variadísimas. Quien sufriera de una enfermedad podía dirigirse casi a cualquier templo, llevar ofrendas y orar por el restablecimiento de su salud. Pero la medicina religiosa cristalizó de modo gradual en el culto de Esculapio. Durante siglos        fue el principal culto curativo; se extendió desde Epidauro por todo el mundo griego y llegó a Roma en el año 291 a.C. Al principio, Esculapio era considerado como patrono de los médicos, pero después fue exaltado y deificado. Surgieron leyendas que lo hacían hijo de Apolo, discípulo del centauro Quirón y sus templos se convirtieron en lugar de peregrinación de afligidos enfermos.


 


            Numerosos enfermos peregrinaban a los santuarios de Asclepio, que estaban situados en lugares de clima agradable y bello paisaje. Disponían de alojamientos y de instalaciones recreativas, deportivas y para baños y masajes. Los enfermos eran también sometidos a un régimen dietético, pero la curación propiamente dicha se desarrollaba en el rito llamado de la incubación, que tenía lugar en un en unas galerías vecinas al templo; se suponía que el dios visitaba al paciente mientras éste dormía y los sanaba personalmente o a través de su serpiente o sus sacerdotes. El culto a Dionisio consistía fundamentalmente en orgías rituales, en las cuales los fieles llegaban a un estado transitorio de locura o delirio mediante la embriaguez alcohólica y la danza a un ritmo frenético. En dicho estado se alcanzaba un éxtasis que se interpretaba como unión con el dios, que sanaba las enfermedades.


 


Se conservan algunos escritos del Epidauro del siglo IV a. c. en los cuales se habla de curas milagrosas. Relatan el caso de una mujer ateniense llamada Ambrosia que estaba             ciega de un ojo. No podía creer que los ciegos y los lisiados se curaran sólo con soñar. Le        llegó su turno y se le apareció el dios, quien prometió curarla pero a condición de que hiciera un donativo al templo, una ofrenda que consistiera en un puerco de plata en memoria de su estupidez. Entonces el dios incidió el ojo enfermo, le frotó con bálsamo y al día siguiente la enferma había curado. También leemos el caso de Agestrato, quien curó de unas jaquecas tan fuertes que no le dejaban dormir. Otro enfermo, Georgias, tenía una herida supurada en el pecho, causada por una punta de flecha; despertó sano de la piel y con la punta de flecha en la mano.


 


A los remedios de carácter empírico a veces se le asociaban ritos de índole mágico-religioso. A favor de los poderes que el sanador cree poseer, en la magia se intenta gobernar mediante ella el curso de la naturaleza, mientras en la religiosa el hombre se dirige a la divinidad para que ésta haga cesar en él la enfermedad o el dolor. De entre las muchas prácticas mágico-religiosas, de la medicina popular griega antigua, se practicaron la plegaria (eukhe) dirigida a alguna de las divinidades sanadoras del panteón helénico: Apolo, Asclepio, Artemis, Palas Atenea, Higea, Panacea y muchos otros; la catarsis o ceremonia lustral, encaminada a borrar o eliminar del cuerpo enfermo mediante la aplicación de recursos distintos (agua, fuego, fumigaciones), las manchas o los miasmas que revelan su impureza y producen su enfermedad. El carácter a la vez material y moral de la mancha morbosa muestra muy bien la mentalidad “naturalista” del pueblo griego; la entrega a alguno de los cultos orgiásticos (ritos dionisíacos), con la confianza en la acción sanadora del enthousiasmos, o posesión del hombre por el dios, que mediante dichos cultos se creía lograr; el empleo de la música, la danza y aún el simple ruido para expulsar los agentes causales de la enfermedad; la terapéutica transferencial, consistió en la expulsión del agente causal de la enfermedad, hacia un animal o hacia otro ser humano, mediante ritos diversos como son: la imposición de manos; aplicación de saliva o de leche; y todas aquellas prácticas en que se apela al principio de “la curación de lo semejante por lo semejante”. Por último, la logoterapia mágica, en la que el ensalmo, encantamiento o épode, poseían acción sanadora sobre el paciente. También existía la terapéutica astrológica e iatromatemática, doctrina que consideraba la existencia de una correlación real, entre el universo o macrocosmos y el hombre individual o microcosmos. Aquí englobaríamos también la melothesia o distribución del influjo de los astros sobre el cuerpo humano


La interpretación mágico-teúrgica de la enfermedad vigente en la Edad Media europea, fue herencia de la Antigüedad clásica pagana, de los pueblos prerromanos como los celtas y de los pueblos germánicos. Los cristianos, al convertirse su religión en la oficial, asimilaron parte de la medicina científica griega; sin embargo, en las sociedades cristianas, junto a la medicina racional pervivieron las prácticas curativas basadas en las fuerzas ocultas o sobrenaturales. Las compatibles con la religión oficial fueron cristianizadas, casi todos los santuarios de Asclepio, permanecieron bajo la advocación de algún santo. Por el contrario, las que chocaban con los principios cristianos, fueron perseguidas al ser consideradas como supersticiosas, diabólicas o inmorales. A pesar de la represión religiosa y civil, los cultos y prácticas prohibidas, se conservaron en la clandestinidad a lo largo del milenio medieval.    


            En tiempos de Cristo, la cura de enfermos desempeñaba un papel tan importante en todos los cultos, que la nueva religión no hubiera podido competir con ellos, a menos que pudiera sostener la promesa de las curas milagrosas. Los Evangelios relatan un gran número de curaciones; eran los milagros que hacía Cristo con más frecuencia. Curaba a los poseídos del demonio, a los ciegos, a los leprosos, a los paralíticos y a personas que sufrían de otros varios padecimientos crónicos o enfermedades, y hasta resucitaba a los muertos. Curaba por medio del poder divino      que poseía. El episodio relatado en Marcos, V, 25-34 es ilustrativo: “Una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, y había sido tratada sin éxito por muchos médicos, tocó las ropas de Cristo: Y El le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva,         ve en paz, y queda salva de tu azote. Y luego la fuente de su sangre se secó”. Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de su cuerpo, vuelto a los circunstantes decía: “ha tocado mis vestidos”. La misma idea se expresa en Lucas, VI, 19: “Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba a todos”. Arrojaba a los demonios por el Espíritu de Dios.


            Durante gran parte de la Edad Media, los enfermos hacían ofrendas y oraban por su salud, sin dirigirse directamente a Dios sino a la Virgen María y a los santos, para que abogaran por su curación y en su favor. En algunas pinturas votivas de la época se representaba a la Virgen -arrodillada ante Dios y mostrándole los senos-, para recordarle que ella parió a su hijo, y en correspondencia, Dios le proporcionaría ayuda para curar a los enfermos. Las ofrendas y las oraciones fueron evolucionando, por ello, entre los santos se llevó a cabo una interesante especialización. Todos hacían milagros, todos tenían poder para pedir y abogar ante Dios por un enfermo, de pronto, los santos se convirtieron en especialistas, cuyo poder se invocaba en caso de una enfermedad en particular.


            San Sebastián fue el santo patrón que protegía al hombre contra la peste. En el siglo V la plaga de Justiniano había causado tantas muertes, que se invocó a Sebastián, quien se convirtió en el santo de la peste. Se decía que Diocleciano lo hizo matar por sus arqueros, y le dispararon tantas flechas que parecía un erizo, no obstante sobrevivió. Como Sebastián era más fuerte que la muerte causada por las flechas (que representaban las lesiones de la peste), entonces se convirtió en el patrón de los apestados. En el siglo X, se desató de nuevo la peste y esto hizo comprender la necesidad de un nuevo santo patrono, entonces apareció San Roque, un ciudadano de Montpellier dedicado a cuidar a los enfermos de peste. Desde entonces, en los casos de peste, se invocaba a los dos santos.


            De la misma manera, San Lázaro era el santo patrón de los leprosos, San Vito el de los que sufrían de epilepsia u otras enfermedades espásticas, San Antonio curaba a los que padecían  ergotismo, San Blas a los que sufrían enfermedades de la garganta. La ayuda de cualquier santo era más efectiva si se acudía al sitio donde estaban sepultados sus restos. Todas sus reliquias, pertenencias y hasta sus imágenes tenían poderes curativos. La gente usaba medallas con su efigie como amuletos, y cuando algún paciente sanaba con la ayuda de algún santo, llevaba a la iglesia una ofrenda votiva que consistía en la reproducción del órgano del cual padecía.


            A partir del triunfo del cristianismo, salud y enfermedad se convierten en el resultado de la correcta o no, forma de comportarse. La enfermedad no es tanto un castigo de Dios por los pecados cometidos, sino una prueba a la que son sometidos los seres humanos para alcanzar el reino divino.  Solo las enfermedades epidémicas siguen siendo castigo de Dios por las malas conductas de los hombres. Al respecto García escribió: “La posesión de los demonios, los espíritus del mal, era una de las causas de las enfermedades. Para el cristianismo, el hombre, desde la caída tras el pecado original, perdió su limpieza primitiva y se convirtió en un ser impuro, que solo puede alcanzar el reino de los cielos tras la rigurosa prueba que supone la vida en la tierra, que es contemplada como un necesario castigo por el pecado cometido. Por eso la única forma de reconciliarse con Dios es la oración, la penitencia y el rechazo de todos los placeres terrenos, considerados pasajeros y pecaminosos. La enfermedad no es nada más que una de las formas con que los hombres son afligidos, dentro de ese duro caminar que es la existencia terrena”.


            Durante toda la Edad Media, la medicina teúrgica, la del dios único todopoderoso, la de las vírgenes y los santos, dominó en todos los ámbitos de la vida social. Los inicios griegos de la medicina científica, quedaron olvidados temporalmente para ser recuperados un poco antes del Renacimiento y coadyuvaron a construir una nueva época de la historia de la humanidad. Pero la medicina mágica y teúrgica había llegado para quedarse, ambas desde su origen y hasta nuestros días han proporcionado curación y alivio a la humanidad, y por ello, en tanto proporcionen ayuda a los enfermos, seguirán compartiendo espacio y tiempo con otras formas de práctica médica.


 


Conclusión.


Conforme ha ido evolucionando la humanidad, el mundo de las ideas y las acciones se ha vuelto más complejo, la medicina al igual que otras formas de ayudar a las personas, son un conjunto de conocimientos, con un alto grado de complejidad por la enorme cantidad de información que existe hoy día. La generación de nuevos conocimiento y su publicación, han generado que la interpretación de todo fenómeno patológico, sea explicada desde diferentes puntos de vista en cuanto aparece; puntos de vista que van desde concepciones semejantes a las del hombre prehistórico y primitivo, hasta explicaciones científicas muy complejas (genéticas y moleculares), para ser comprendidas de primera intención. Sea cual fuere la explicación que se busque al fenómeno morboso, el enfermo sentirá mayor alivio a sus dolencias, cuando la forma de ayudarlo médicamente le proporcione alivio a su cuerpo y a su espíritu por igual. Es indispensable tomar en cuenta a la medicina popular, que expresa en pensamiento y acción, todo tipo de interpretación de la enfermedad. Reconocer y comprender, todas y cada una de las expresiones de la medicina popular, nos dará elementos para organizar eficazmente la asistencia sanitaria. Sin conocer el vocabulario popular tocante a la enfermedad y su curación, el médico no puede siquiera entender a sus pacientes. Si desea que sus indicaciones sean respetadas y resulten eficaces, debe tener noticia de las actitudes, ideas y costumbres relacionadas con la medicina y, todavía más, si aspira a combatir los prejuicios y prácticas populares perjudiciales para salud.








[1] El Diccionario de la Real Academia Española define a la enfermedad como alteración más o menos grave de la salud, y define a la salud como el estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones.



[2] Además de esta clasificación general, se han propuesto también subdivisiones, tales como la de una magia amorosa,  encaminada a obtener los favores del amor para alguien mediante encantamientos o filtros de amor. Según las fuerzas operantes, la magia puede basarse en poderes externos al mismo mago -que debe manipularlos mediante símbolos, ritos, gesticulaciones o pases-, o en poderes propios del mismo mago: sortilegios, mal de ojo, etc.



[3] Lo prohibido.



[4] Acto, generalmente religioso, repetido invariablemente con arreglo a normas prescritas.



[5] Conjunto de tradiciones populares, del idioma ingles folk que significa pueblo.



[6] “En muchas otras regiones de la República mexicana, esta enfermedad es llamada “Espanto”, y en otras pocas “Susidio”.



[7] Parece existir una relación entre el nombre de esta enfermedad con el nombre que recibe la parte del estómago del rumiante a la cual se le denomina cuajar.



[8] Tejido fibroso, membranoso, no calcificado en la periferia de los huesos de la bóveda craneal que en el recién nacido se identifican fácilmente. “La fontanela anterior o bregmática es la mayor, corresponde a la unión de los frontales y parietales, De forma romboidal, con eje anteroposterior, mide de 4 a 5 cm. de largo y de 2.5 a 4 cm. de ancho.”



[9] Nombre popular que recibe la úvula: prolongación vertical de forma cónica de la parte posterior y media del paladar, tiene una longitud de 10 a 15 milímetros.



[10] Chamán o Shamán. El término, tomado de la etnología de los pueblos sibero-árticos, pero también de la de los cazadores-recolectores amerindios e, incluso, sudafricanos, designa a un personaje dotado de poderes sobrenaturales, o considerado por su entorno, como tal. Intermediario entre el mundo de los espíritus y el de los vivos, entre los visible y lo invisible, entre lo real y lo imaginario, el chamán sabía interpretar los sueños, predecir el porvenir y curar las enfermedades practicando ritos particulares.